El aceite era para él tan precioso como el arroz. En la época de la
navegación miserable, cuando el capitán hacía esfuerzos por conseguir
nuevos ahorros, Caragòl vigilaba especialmente la gran alcuza de su
cocina. Sospechaba que los marmitones y los marineros jóvenes se
atusaban el pelo para hacer el majo empleando el aceite como pomada.
Toda cabeza que se ponía al alcance de su vista turbia la sujetaba entre
sus brazos, llevando á ella las narices. El más lejano perfume del licor
de oliva despertaba su cólera. «¡Ah, lladre!...» Y dejaba caer su
manaza enorme, blanda y pesada como un guantelete de esgrima.
Ulises le creía capaz de subir al puente declarando que la navegación no
podía continuar por haberse agotado los odres del líquido color de
amatista procedente de la sierra de Espadán.
Sus ojos cegatos reconocían inmediatamente en los puertos la
nacionalidad de los buques que fondeaban á ambos costados del Mare
nostrum. Su nariz sorbía con tristeza el ambiente. «¡Nada!...» Eran
barcos insípidos, barcos del Norte, que hacían su comida con manteca:
tal vez barcos protestantes.
Title: Mare nostrum
Author: Vicente Blasco Ibáñez